Que la belleza que transmitáis a las generaciones del mañana provoque asombro en ellas.
Carta a los artistas, Juan Pablo II.

Haced cosas bellas pero, sobre todo, convertid vuestras vidas en lugares de belleza.
Encuentro con el mundo de la cultura, Lisboa, 12-5-2010, Benedicto XVI.

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jueves, 28 de febrero de 2013

#2BXVI #GraciasSantoPadre





Querido Santo Padre,
Quedan menos de dos horas para su renuncia. Yo le acompañaré en ese momento, desde mi sitio, con un tiempo de oración, de silencio y celebrando la Eucaristía  por usted.
Quisiera haberle escrito más y mejor para darle las gracias por todos estos años en los que nos ha guiado como buen Padre, pero el ánimo y el tiempo me han robado las palabras. Por eso, sólo voy a decirle “¡GRACIAS SANTO PADRE!”. Este agradecimiento encierra todo el respeto y el amor que le tengo. Le seguiré acompañando en la oración, ahora y por siempre.
Gracias por seguir con humildad la voluntad del Señor, por mostrarnos su humanidad, por entregarnos lo mejor de sí mismo, por tantas y tantas cosas.
Deseo que su vida siga siendo un lugar de Belleza. Su oración seguirá sosteniendo a la Iglesia, sin duda, no le perdemos, sino que por la gracia de Dios tendremos una ganancia mayor.
Pido también por su sucesor.
No puedo decir más… Sólo una y mil veces gracias. Con usted he experimentado, pese a todos mis pesares, el ciento por uno en la tierra.
Ofrezco mi dolor por usted, por su sucesor y por toda la Iglesia.
Ultreia et Suseia!

martes, 29 de mayo de 2012

Gracias Zaragoza


Se acerca el final de una etapa. Han sido tres meses los que he pasado en Zaragoza. Cuando llegué, no conocía prácticamente a nadie. Sólo al profesor con el que he estado trabajando, y no mucho. Hoy me atrevería a decir que tengo una familia en Zaragoza.
Durante estos tres meses he convivido con una familia, un matrimonio joven con una niña pequeña. Hace unos días me refería a ellos como “autoridad”, porque han sido para mí testigos de la Presencia de Cristo vivo entre nosotros. Al escucharme hablar de ellos como mi autoridad, mis testigos, añado hoy, mis maestros, probablemente piensen: “¿cómo va a ser así? Si nosotros...”. Hoy venía en el autobús leyendo que a un maestro no se le elige, se le reconoce. Pues ahora voy a hablarles a ellos, abiertamente, dado que mantengo su “anonimato”: yo no os he elegido, os he reconocido. No miento si hablo de vosotros como maestros en estos tres meses. Vosotros sabéis lo que hemos vivido juntos y no me podéis objetar nada si os digo que habéis estado a mi lado, me habéis guiado, me habéis acompañado.
Nunca olvidaré cómo, cuando ya no sabíais que hacer, hacías lo mejor… Sí, lo mejor. No olvidaré cómo os pusisteis a rezar al lado de mi cama cuando parecía que ya no se podía hacer nada más, nada más que dejar pasar el tiempo o quién sabe qué. Los que estéis leyendo esto estaréis pensando: “¿de qué está hablando?” Hablo de una enfermedad que arrastro desde hace años, pero no me voy a dedicar a explicar nada por aquí. Menciono estos momentos porque han sido puntos de encuentro y de partida en nuestra convivencia. El testimonio que he tenido delante de mis ojos en estos meses, siendo el mismo, me hubiese podido pasar “desapercibido” sin los momentos más duros. En la película “Tierras de penumbra” escuchamos algo así como que el dolor es el altavoz que utiliza el Señor para despertarnos en un mundo de sordos. Yo confieso mi sordera y confieso que ha sido en el dolor donde he despertado y he reconocido la Presencia viva de Cristo en los que Él ha puesto a mi lado, que ahora se convierte en memoria.
No quiero extenderme más. No hay palabras para agradecer lo que el Señor, por medio de estas personas y de otros amigos, ha hecho por mí en este tiempo. Por tanto, no habiendo palabras, me remito al silencio. El silencio es también un gran maestro, hago silencio en mi corazón para escuchar al Señor y para darLe gracias por estas personas, mi familia zaragozana, y por todos los amigos que aquí he encontrado.
Simplemente gracias y hasta siempre.